Ser modernos es vivir una vida de paradojas y contradicciones. Es estar dominados por las inmensas organizaciones burocráticas que tienen el poder de controlar, y a menudo de destruir, las comunidades, los valores, las vidas, y sin embargo, no vacilar en nuestra determinación de enfrentarnos a tales fuerzas, de luchar para cambiar su mundo y hacerlo nuestro.
El sistema internacional actual, compuesto en su mayor parte por Estados soberanos y territoriales, suele considerarse el resultado inevitable del desarrollo histórico. Sin embargo, Hendrik Spruyt sostiene que el surgimiento del sistema estatal no tuvo nada de inevitable. Examinando las instituciones competidoras que surgieron durante el declive del feudalismo -entre ellas las ligas urbanas, las comunas independientes, las ciudades-estado y las monarquías soberanas- Spruyt descarta la conocida afirmación de que el tamaño superior y la capacidad bélica del Estado-nación soberano lo convertían en el sucesor natural del sistema feudal. El autor sostiene que el feudalismo no dio paso a una única institución sucesora de forma lineal. Por el contrario, los individuos crearon diversas formas institucionales, como el Estado soberano y territorial de Francia, la Liga Hanseática y las ciudades-estado italianas, como reacción a un cambio drástico en el entorno económico medieval. Sólo en una fase selectiva posterior de la evolución institucional demostró la autoridad soberana y territorial tener ventajas institucionales significativas sobre sus rivales. La autoridad soberana demostró tener más éxito en la organización de la sociedad nacional y en la estructuración de los asuntos exteriores. El enfoque interdisciplinar de Spruyt\\ no sólo tiene importantes implicaciones para el cambio en el sistema estatal en nuestro tiempo, sino que también presenta un novedoso análisis de la dinámica general del cambio institucional.
Publicado en 1974, esta obra aparece en pleno auge de la ecología política y los movimientos antisistema que abogaban por el localismo. Su autor, economista de formación liberal, cuestiona la tendencia a idealizar lo pequeño y la autarquía, argumentando que la eficiencia técnica y el crecimiento son indispensables para mejorar el bienestar. Estructurada en ocho capítulos, analiza mitos como la obsolescencia programada, la escasez artificial y la desconfianza hacia las grandes organizaciones. Ofrece ejemplos históricos y datos económicos para defender economías de escala y aboga por políticas pragmáticas. Contribuyó decisivamente a matizar el debate sobre desarrollo sostenible y ecología crítica.
Publicado en 1998 por Desclée De Brouwer, ofrece una reflexión prospectiva sobre los retos del próximo siglo. Firmado por el teólogo Raúl Berzosa Martínez, obispo auxiliar de Oviedo y profesor de filosofía y teología, surge en plena efervescencia de debates apocalípticos por el cambio de milenio. Consta de 64 páginas organizadas en preguntas y reflexiones breves dentro de la Colección Preguntas, n.º 2. Plantea interrogantes sobre el papel de la Iglesia y la sociedad ante la secularización, la globalización y el avance tecnológico. Defiende renovar la misión evangelizadora adaptándola a contextos socioculturales cambiantes e integrando herramientas de sociología y comunicación. Breve pero incisivo, se ha consolidado como referencia en seminarios de teología pastoral y debates sobre la renovación eclesial de cara al siglo XXI.
El estudio más completo sobre ideología y utopía desde la obra de Karl Mannheim de los años treinta, Utopía y revolución puede entenderse como una vuelta de tuerca a la teoría política clásica o, tal vez, del revés. En lugar del habitual resumen de cómo las teologías radicales inglesas contribuyeron al proceso revolucionario, Lasky muestra cómo dicha teología política de mediados del siglo XVII se convirtió en la columna vertebral de la historia natural de los desastres revolucionarios. En una notable proeza de erudición en historia intelectual, Lasky traza el curso de este enredo histórico a lo largo de unos cinco turbulentos siglos de historia occidental. Al hacerlo, rastrea la extensión ideológica de la personalidad humana a través de los escritos de teóricos políticos, filósofos, poetas e historiadores.
En ¿Qué hacer? Lenin analiza el carácter y el contenido principal de su política, cuáles son sus tareas de organización y el plan de crear una organización combativa en Rusia. Una guía para los obreros bolcheviques protagonistas de la futura Revolución rusa y un auténtico libro de combate que contribuiría al final del Imperio zarista.