Este clásico de la historiografía económica y social constituye la mejor síntesis histórica que se haya escrito sobre la evolución de la humanidad desde la revolución agrícola hasta nuestros días. Carlo M. Cipolla, profesor de Historia económica en las universidades de Pavía y Berkeley, describe las grandes tendencias que ha seguido la población mundial en su desarrollo demográfico y en su aprovechamiento de los recursos económicos disponibles y analiza, desde una perspectiva globalizadora, los principales problemas a los que actualmente se enfrenta la humanidad: el crecimiento demográfico, la escasez de los recursos energéticos disponibles, la difusión del conocimiento técnico o el papel que ha de desempeñar la educación en las sociedades desarrolladas surgidas de la revolución industrial.
Una historia esencial del origen de la doctrina económica más influyente de la sociedad moderna. El pensamiento económico de la Escuela de Chicago ha sido objeto de un sinfín de generalizaciones -y caracterizaciones erróneas- en el debate contemporáneo. Lo que a menudo se presenta como una obsesión monolítica con los mercados es, en realidad, un conjunto matizado de teorías económicas nacidas de décadas de investigación y debate. The Monetarists es una historia profundamente documentada de las políticas monetarias -y de las personalidades- que codificaron el pensamiento monetario de la Escuela de Chicago desde la década de 1930 hasta la de 1960. Estas políticas pueden caracterizarse en términos generales como monetarismo: la creencia de que los precios y los tipos de interés pueden mantenerse estables controlando la cantidad de dinero en circulación. Como aclara el economista George S. Tavlas, estas ideas eran algo más que el legado de Milton Friedman: eran una tradición teórica surgida de un crisol de mentes y debates en todo el campus. A través de una extracción sin precedentes de material de archivo, The Monetarists ofrece la primera historia completa de uno de los periodos y lugares intelectuales más formativos del siglo XX. Promete elevar nuestra comprensión de esta doctrina y sus orígenes para las generaciones venideras.
La civilización occidental nos ha dado el milagro de la ciencia moderna, la riqueza del libre mercado, la seguridad del imperio de la ley, un sentido único de los derechos humanos y de la libertad, la caridad como virtud, un espléndido arte y música, una filosofía fundada en la razón y otros innumerables regalos que la hacen la civilización más rica y poderosa de la historia. Pero, ¿cuál es la fuente última de todos esos regalos? El autor de varios best-sellers y profesor universitario Thomas E. Woods nos brinda la por demasiado tiempo pospuesta respuesta: la Iglesia católica. En Cómo la iglesia construyó la civilización occidental, Thomas E. Woods nos cuenta: o Por qué la ciencia moderna surgió de la Iglesia. o Cómo los sacerdotes católicos desarrollaron la idea de economía libre quinientos años antes que Adam Smith. o Cómo la Iglesia católica inventó la universidad. o Porqué todo lo que usted ha oído sobre el affaire Galileo es falso. o Cómo la Iglesia humanizó Occidente insistiendo en la sacralidad de toda vida humana. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo sencillo y muy atractivo.
La presente selección de textos de Charles Fourier (1772-1837) surge de su obra El nuevo mundo industrial y societario, donde propone un nuevo sistema social, al que llama sistema societario, que traerá a la humanidad la armonía y la felicidad universales.En su concepción de una sociedad ideal, Fourier critica la industrialización capitalista por la miseria y la frustración que provoca, y por destruir la naturaleza. Anima a fundar unas células básicas de trabajo y de vida, que denomina falansterios, y que debían tener en cuenta las necesidades materiales y emocionales de sus miembros, y organizarse en torno a un edificio común rodeado por tierras de labor.Fourier reflexiona a fondo sobre el trabajo y propugna que este debe ser placentero, lo que multiplicará la productividad y la riqueza. Para ello, defiende la integración entre el trabajo manual e intelectual, y también con el ocio, e incluso entre trabajo productivo y trabajo reproductivo, así como la supresión de la división sexual del trabajo.Reivindica la educación activa, el uso gozoso de la sexualidad, el divorcio y la libertad amorosa, es decir, una transformación radical de las relaciones emocionales entre los seres humanos, y afirma que mientras la mujer sea oprimida no habrá justicia social.Charles Fourier se despegó más de la realidad de lo que hoy nos atrevemos a hacer. De su atrevimiento surgieron propuestas que ahora parecen ensoñaciones. Pero eso mismo le permitió también plantear observaciones profundas, avanzar ideas que hoy forman parte de nuestro sentido común y atisbar sugestivos futuros que todavía nos parecen demasiado lejanos.
Las ideas expuestas en estas páginas maduraron en la mente del autor durante los primeros años del comunismo constructivo en Petrogrado. El gobierno comunista, embriagado por sus éxitos en la contrarrevolución, había prometido ocuparse rápidamente de todos los problemas económicos ahora que tenía las manos libres para hacerlo. Fue en este momento de sus mayores triunfos cuando el autor planteó su tesis de que el sistema del comunismo marxiano, tal como se concebía entonces, era intrínsecamente insano y debía derrumbarse inevitablemente.
El devastador deterioro ambiental no obedece a la supuesta naturaleza humana sino al capitalismo, al imperio del factor económico y su ansia insaciable de crecimiento, medido con el mito del PIB, que solo cuantifica bienes y servicios, ignorando su reparto, los vínculos sociales y la salud del planeta. Frente a esto surge el decrecimiento: reducir producción y consumo para aligerar la huella ecológica, planificando democráticamente con justicia social y bienestar. El poscrecimiento propone una economía estacionaria, decisiones colectivas y reparto equitativo de la riqueza, eligiendo lo menos, lo ligero, lo lento y lo pequeño, impulsando una desaceleración sostenible y convivencial.