En dos países europeos, Rusia y España, se intentó crear en el siglo xx un régimen comunista. En Rusia, tras cinco años de feroz guerra civil de Lenin contra su pueblo, el comunismo triunfó. En España, tras una atroz guerra civil de tres años, perdió. Pero se discute el papel de Stalin en la guerra de Paracuellos y la muerte de Nin al oro del Banco de España y se oculta la actuación de los dos comunismos españoles: el marxista del PCE, el PSOE bolchevizado o el POUM; y el bakuninista de la CNT-FAI, que impuso el terror rojo en Cataluña con la ayuda entusiasta de Companys. Ni la Rusia bajo la Cheka ni la España bajo las checas se recuerdan hoy. Solo eso y el éxito de la propaganda soviética desde 1917 explican la irrupción y el éxito de Podemos.
En esta primera historia del globalismo neoliberal, Slobodian sigue a un grupo de pensadores desde las cenizas del Imperio de los Habsburgo hasta la creación de la Organización Mundial del Comercio, para demostrar que el neoliberalismo no surgió para reducir el gobierno y abolir las regulaciones, sino para volver a implementarlas a nivel mundial. Todo comienza en Austria en la década de 1920: los imperios se disolvían y el nacionalismo, el socialismo y la autodeterminación democrática amenazaban la estabilidad del sistema capitalista global. En respuesta, los intelectuales austriacos buscaban una nueva forma de organizar el mundo. Ellos y sus sucesores en la academia y el Gobierno, desde economistas famosos como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises hasta figuras menos conocidas como Wilhelm Röpke y Michael Heilperin, utilizaron Estados e instituciones globales para aislar a los mercados de la soberanía estatal, los cambios políticos y las turbulentas demandas democráticas de igualdad y justicia social. Lejos de descartar el Estado regulador, los neoliberales querían aprovecharlo para su gran proyecto de proteger el capitalismo a escala global. Un proyecto que cambió el mundo, pero que también fue socavado una y otra vez por la desigualdad, el cambio implacable y la injusticia social que lo acompañaron.
Publicado en 1913, en la Alemania guillermina y en pleno debate sobre el espíritu del capitalismo, el autor indaga en la formación histórica y cultural del “hombre económico moderno”. Sostiene que el burgués se define por rasgos como racionalismo, cálculo, disciplina, afán de lucro y voluntad de expansión, moldeados por tradiciones religiosas, jurídicas y urbanas europeas. La obra se organiza en secciones que rastrean orígenes espirituales, valores morales y estilos de vida, para luego analizar sus manifestaciones en la economía, la política y las artes. Entre sus temas destacan ascetismo y hedonismo, ética del trabajo, lujo y consumo. Su relevancia radica en ofrecer una genealogía cultural del capitalismo, influyendo en la sociología económica y la historia intelectual del siglo XX.
Publicado en 1990 (edición ampliada en 1992), aparece en pleno auge de la sociología histórica comparada y los debates sobre construcción estatal. El autor sostiene que los Estados europeos surgieron de la interacción entre coerción (guerra, ejércitos, fiscalidad forzada) y capital (comercio, crédito, burguesías), generando trayectorias distintas según el peso relativo de ambos factores. Organizado en capítulos comparativos y cronológicos, analiza casos como Inglaterra, Francia, Países Bajos o Prusia, y distingue modelos “intensivos en coerción” frente a “intensivos en capital”. Aborda temas como la extracción fiscal, la burocratización, la guerra como empresa y la negociación con élites económicas. Su relevancia radica en ofrecer un marco explicativo seminal para entender la formación del Estado moderno y sus legados institucionales.
Este libro coordinado por León Gómez Rivas, con textos de Vicente Boceta Álvarez, José Carlos Martín de la Hoz y Jesús Huerta de Soto, se acerca a una de las figuras más fascinantes de la Escuela de Salamanca. Don Diego de Covarrubias y Leyva perteneció a una familia de artistas, escultores y arquitectos de Toledo. Su padre, Alonso de Covarrubias, fue Maestro de obras de la catedral de Toledo y dejó, además, su impronta en Sigüenza, Guadalajara, Santiago de Compostela o Salamanca. Su madre, María Gutiérrez de Egas, era hija del arquitecto de origen flamenco, Enrique Egas, con quien trabajaba su marido. En 1527 comenzó en Salamanca los estudios de derecho civil y canónico (utriusque iuris), alcanzando el título de Doctor en Cánones el año 1539. Poco después, obtuvo la cátedra de Prima en la misma Universidad. Entre sus maestros destacan Gaspar de Montoya o Martín de Azpilcueta. También asistió a las clases de la Facultad de Teología con Francisco de Vitoria y Domingo de Soto. En 1548, fue nombrado Oidor de la Cancillería de Granada. Comenzaba así su carrera como jurista al servicio de la Corte, culminando con el puesto de Presidente del Consejo de Castilla en 1577. En agosto de 1559, fue preconizado obispo de Ciudad Rodrigo, de donde pasó a la diócesis de Segovia. En febrero de 1563 participó en la tercera etapa del Concilio de Trento. Además de su actividad política o universitaria, de sus estudios en cánones, su labor pastoral y teológica, en este libro hemos querido destacar sobre todo su aportación a la historia del pensamiento económico. Junto a otros doctores de la Escuela de Salamanca, como señala el profesor Huerta de Soto, fue un pionero en describir la configuración de unas relaciones sociales y económicas que hoy consideramos ‘modernas’. Por ejemplo, Covarrubias expuso mejor que nadie una la teoría subjetiva del valor, donde indica que el valor de una cosa no depende de su naturaleza objetiva, sino de la estimación subjetiva de los hombres: «incluso aunque tal estimación sea alocada». Añadiendo: «el trigo tiene exactamente la misma naturaleza objetiva aquí y en las Indias, y sin embargo en las Indias su valor es mucho mayor porque allí es más escaso y los hombres lo estiman más».
El autor (1873-1958), anarquista alemán, de oficio encuadernador y de formación autodidacta, es autor de numerosas obras que abarcan la historia, las biografías, la economía y la política; sus memorias constituyen un monumental repaso a la actividad político-social que desarrolló durante toda su vida. Fue censurado, calumniado, proscrito, denunciado, procesado, encarcelado, deportado y exiliado. Luchó siempre al lado de los explotados, reflexionando sobre las posibilidades de un futuro libertario para la humanidad. Buscó conjugar teoría y acción, adecuando los métodos de actuación con los fines deseados. Fue uno de los promotores de la reconstrucción, en 1922, de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), a la vez que teorizó sobre la trabazón del anarquismo con el sindicalismo. Nacionalismo y cultura es quizá su obra maestra. Escrita a principios de los años 30 del siglo pasado, su manuscrito fue lo único que pudo salvar cuando huyó de los nazis en 1933.