Comunidades imaginadas, el brillante libro de Benedict Anderson sobre el nacionalismo, forjó un nuevo campo de estudio cuando apareció por primera vez en 1983. Desde entonces, ha vendido más de un cuarto de millón de copias y es ampliamente considerado como el libro más importante sobre el tema. En esta esperada edición revisada, Anderson actualiza y profundiza en la pregunta central: ¿qué lleva a las personas a vivir, morir y matar en nombre de las naciones? Muestra cómo un nacionalismo originario nacido en América fue adoptado por los movimientos populares en Europa, por las potencias imperialistas y por las resistencias antiimperialistas en Asia y África, y explora la forma en que se crearon las comunidades gracias al crecimiento del Estado-nación, la interacción entre el capitalismo y la imprenta, y el nacimiento de las lenguas vernáculas de los Estados. Anderson revisita estas ideas fundamentales y muestra cómo su relevancia ha sido puesta a prueba por los acontecimientos de las últimas dos décadas.
La presente obra abrió un siglo de literatura abiertamente enemistada con el concepto de Estado. Sin ir más lejos, fue el tratado que inspiró la obra de Albert J. Nock y los trabajos de Frank Chodorov, e incluso para muchos es el cimiento teórico sobre el que Murray N. Rothbard articularía posteriormente todo su pensamiento. En efecto, Franz Oppenheimer firmó el que aún hoy sigue siendo considerado uno de los más estimulantes trabajos sobre Historia de la Filosofía Política jamás concebidos. El autor afronta la titánica tarea de desmantelar siglos y siglos de pensamiento falaz acerca del origen, la naturaleza y el fin último del Estado. Oppenheimer establece el punto de partida en los albores de la Humanidad, cuando el mundo estaba constituido por comunidades dispersas de campesinos y nómadas. Un recorrido cronológico y de carácter psicosociológico de la evolución del Estado desde sus formulaciones primitivas hasta el moderno Estado constitucional. Este detallado trabajo supone, sin duda, la réplica más certera que ha recibido jamás la teoría del «contrato social del Estado», propuesta por la mayoría de los pensadores políticos desde la Ilustración. La verdadera naturaleza del Estado no puede ser revelada mediante peregrinas justificaciones filosóficas de pensadores más o menos inspirados, sino gracias a un exhaustivo análisis, científico y desprejuiciado, de la Historia de la Humanidad. Y eso es, precisamente, lo que ofrece Oppenheimer en su obra magna.
Publicado en 1987, en plena ofensiva neoliberal de la era Thatcher y los debates sobre el repliegue estatal, el autor examina cómo el Estado de bienestar británico transita hacia un “pluralismo asistencial”: la provisión de servicios sociales se reparte entre sector público, mercado, voluntariado y familia. La obra combina revisión histórica y análisis teórico en varios capítulos que estudian salud, educación, vivienda y asistencia social, evaluando costes, eficacia y legitimidad democrática. Su tesis central sostiene que la desestatización no elimina la responsabilidad pública, sino que la reconfigura mediante arreglos mixtos y nuevas formas de control. El libro resulta clave para entender el paso del welfare keynesiano al modelo mixto contemporáneo y aporta herramientas para valorar sus impactos en equidad y ciudadanía.
Publicado en 1950, en la Europa de posguerra y el inicio de la descolonización, el autor examina cómo el “nomos” —apropiación del espacio, reparto y producción— funda el orden jurídico-político mundial. Sostiene que el *jus publicum europaeum* (siglos XVI–XIX) limitó la guerra entre Estados soberanos, pero colapsó con las guerras totales del siglo XX. La obra se estructura en dos grandes bloques: génesis y apogeo de ese orden europeo, y su crisis frente a nuevas potencias y espacios globales. Aborda temas como la distinción amigo/enemigo, el concepto de “enemigo justo”, la piratería, los grandes espacios (Großräume) y la guerra discriminatoria. Su relevancia radica en replantear la relación entre derecho internacional, geopolítica y territorialidad contemporánea.
Aunque en ocasiones parezcan confundirse, patriotismo y nacionalismo son conceptos distintos. El patriotismo pone énfasis en el aprecio a las instituciones y la defensa de la libertad común de las personas. El nacionalismo, contrariamente, aboga por la homogeneidad cultural, lingüística y étnica de la sociedad. El patriotismo pide un amor caritativo y generoso con el propio país. El nacionalismo exige una lealtad incondicional o una adhesión exclusiva. Este libro, que ya es un clásico, supone, además de una brillante reexión política, un clarividente alegato filosófico. Maurizio Viroli hace un extraordinario análisis de los dos conceptos e intenta discernir qué querían decir los lósofos, los agitadores, los poetas y los profetas cuando hablaban de amar a una patria. Sobre todo porque la confusión en torno al tema ha provocado innumerables catástrofes históricas, empezando por el fascismo en todas sus formas. Si el patriotismo es un amor racional, que considera necesaria la virtud cívica para la preservación del orden público y la ley, prerrequisitos para nuestra libertad que nos permiten resistir la opresión de las egoístas ambiciones individuales; el nacionalismo puede llegar a ser exclusivista, intolerante e irracional, obsesionarse con la unidad y someter así a los discrepantes. La cuestión que plantea Por amor a la patria es cómo hacer que el amor a nuestro país sea compatible con los principios universales de libertad y justicia. Y eso pasa, como plantea Viroli, por intentar construir un patriotismo sin nacionalismo, es decir, por una llamada a la unidad política basada en el compromiso con el bien común y no en una inquebrantable adhesión étnica, religiosa o lingüística.
Publicado en 1990 (edición ampliada en 1992), aparece en pleno auge de la sociología histórica comparada y los debates sobre construcción estatal. El autor sostiene que los Estados europeos surgieron de la interacción entre coerción (guerra, ejércitos, fiscalidad forzada) y capital (comercio, crédito, burguesías), generando trayectorias distintas según el peso relativo de ambos factores. Organizado en capítulos comparativos y cronológicos, analiza casos como Inglaterra, Francia, Países Bajos o Prusia, y distingue modelos “intensivos en coerción” frente a “intensivos en capital”. Aborda temas como la extracción fiscal, la burocratización, la guerra como empresa y la negociación con élites económicas. Su relevancia radica en ofrecer un marco explicativo seminal para entender la formación del Estado moderno y sus legados institucionales.