Es posible que algunos tachen de ingenuidad el recuerdo de aquellos Catecismos clásicos como el «Astete» y el «Ripalda», que formaron en el pasado a tantas generaciones de cristianos. Sí, ya sé que los pedagogos modernos han levantado su voz contra el método memorista; pero lo que en la práctica consiguieron fue hacernos caer en el extremo opuesto de un conceptualismo ininteligible para los niños e inútil para los adultos. Actualmente los niños no entienden mejor los nuevos Catecismos y no se les urge la necesidad de aprenderlos de memoria; cuando lleguen a la mayoría de edad, caerán en el ateísmo práctico «con todas sus consecuencias» ante la imposibilidad de querer y practicar lo que desconocen.
«Es mucho más sencillo mantener una causa equivocada, y respaldar opiniones paradójicas para satisfacer a un auditorio vulgar, que establecer una verdad dudosa con argumentos sólidos y concluyentes. Cuando los hombres descubren algo que puede decirse a favor de lo que, en la misma proposición, pensaban que era completamente indefendible, se vuelven recelosos de su propia razón y caen en una especie de grata sorpresa: secundan al orador, seducidos y cautivados por encontrar una cosecha tan abundante de razonamiento donde todo parecía estéril e infructuoso. Ésa es una tierra encantada de la filosofía». La Vindicación de la sociedad natural, publicada anónimamente en 1756, señala el principio de la carrera literaria de Edmund Burke (1729-1797). En esta obra, el futuro adversario de los derechos del hombre y defensor de los derechos de los ingleses advierte los efectos de los pensadores de la Ilustración sobre la Constitución británica y apunta al peligro que supone, para la sociedad, la crítica de la religión. Sin embargo, Burke se tomó muchas molestias para que su primera pieza fuera una obra maestra de ocultación de los motivos que le habían llevado a escribirla y que se proyectan sobre el resto de su escritura.
El poder de la élite (1956) Describe las relaciones entre la política, los militares y la elite económica, subrayando que estas personas poseen un punto de vista común sobre el mundo: La Metafísica Militar: Una definición militar de la realidad. Poseen Identidad de Clase: Se reconocen como superiores y separados del resto de la sociedad. Tienen Medidas de Intercambio: Se mueven entre las tres estructuras institucionales y permanecen interpuestas directamente Proceso de socialización: se sociabilizan con nuevos miembros basándose en qué tanto ellos imitan socialmente a dichas elites.
Publicada en 1979, esta obra surge en un momento de creciente cuestionamiento al marxismo académico en Occidente. El autor plantea que las concepciones tradicionales de clase basadas en el modo de producción son teóricamente débiles, ya que subestiman el papel activo de los actores sociales. En su lugar propone centrar el análisis en el «cierre social», un concepto inspirado en Weber que entiende como la estrategia de grupos para restringir el acceso a recursos. Distingue entre «cierre excluyente» (los privilegiados crean barreras) y «cierre usurpatorio» (los subordinados buscan incorporarse). La estructura se articula en torno a esta tipología y a una redefinición de clase según estrategias colectivas. Su importancia radica en ofrecer una alternativa moderna al análisis marxista, más enfocada en agencia y conflicto social actual.
En algún momento del siglo XVIII, la palabra «igualdad» ganó terreno como ideal político, pero la idea siempre fue vaga. En este tratado, Erik von Kuehnelt-Leddihn sostiene que se redujo a una idea simple y muy peligrosa: la igualdad del poder político tal y como se plasma en la democracia. Presenta los argumentos más sólidos posibles para demostrar que la igualdad democrática no es la base de la libertad, como se cree comúnmente, sino del estado totalitario. Utiliza el nacionalsocialismo como ejemplo principal. Además, sostiene que la antigua noción de gobierno por la ley se mantiene en las antiguas monarquías, restringida por una élite noble. La aristocracia, y no la democracia, nos dio la libertad. En su argumentación, incluye toda la antigua tradición liberal y ofrece pruebas abrumadoras para defender su tesis. En nuestros tiempos, la guerra y el totalitarismo navegan efectivamente bajo la bandera democrática. Este libro, capaz de cambiar la mayor parte de lo que creías saber sobre los sistemas políticos, se publicó por primera vez en 1952.
Las novelas de Raymond Roussel son puzzles gigantescos de imágenes e historias con una extraña lógica carnavalesca. Locus Solus hace un recorrido por el jardín-museo de un excéntrico millonario que, como el propio autor en la vida real, colecciona insólitos objetos con frenético y psicodélico racionalismo. Escrito tras las Impresiones de África, Locus Solus está presidido por Martial Canterel, un personaje como recién salido de una novela de Julio Verne, de quien Roussel dijo una vez que no se debía pronunciar su nombre «si no se está de rodillas». Canterel, docto científico cuya inmensa riqueza no limita su prolífico ingenio, lleva a un grupo de visitantes a recorrer «Locus Solus», su apartada finca situada cerca de París. Uno por uno irá presentando, demostrando y exponiendo los descubrimientos e invenciones de su fértil y enciclopédica mente. A medida que los inventos se van tornando más elaborados, aumenta en paralelo la riqueza y brillantez de las historias. El flujo de su imaginación se convierte en una riada, arrastrádonos en un torrente de fantasía e hilaridad.